El Subjetivismo es una doctrina filosófica que entiende de manera subjetiva lo que a primera vista parece una clase de juicios objetivamente verdaderos u falsos –es decir, verdaderos o falsos independendientemente de lo que creamos, esperemos o queramos–. Se puede ser subjetivista si ante unos juicios, pese a las apariencias, externos a nosotros como individuos, actuamos como si fueran juicios acerca de nuestras actitudes, creencias, emociones, etc. También se puede negar que esos juicios sean verdaderos o falsos, alegando que son órdenes o expresiones de actitudes camufladas.
En ética, por ejemplo, una concepción subjetivista del segundo tipo -conocida como emotivismo- afirma que los juicios morales son meras expresiones de nuestras actitudes positivas y negativas.
Otro ejemplo: el prescriptivismo, que también es una concepción subjetivista del segundo tipo: la tesis de que los juicios morales son en realidad órdenes –decir «X es bueno» es decir, detalles al margen, «Haz X»–. Las concepciones que hacen en último término de la moral una cuestión de convenciones -de aquello en lo que estamos de acuerdo o en lo que la mayoría de la gente está de acuerdo- también pueden construirse como teorías subjetivas del primer tipo.
es la creencia que la realidad no es un firme absoluto, sino un reino fluido, plástico e indeterminado que puede ser alterado, en todo o en parte, por la consciencia del que percibe, o sea: por sus sentimientos, deseos o caprichos. Es la doctrina que sostiene que el hombre – una entidad de una naturaleza específica, lidiando con un universo de una naturaleza específica – puede, de alguna manera, vivir, actuar y lograr sus objetivos fuera de y / o en contradicción a los hechos de la realidad – o sea, fuera de y / o en contradicción a su propia naturaleza y a la naturaleza del universo.
Lo subjetivo significa lo arbitrario, lo irracional, lo ciegamente emocional.
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